Cuando afrontamos cualquier tipo de dificultad en nuestra vida, contamos con las experiencias y los aprendizajes que hemos construido a lo largo del tiempo, ya sean saberes propios o conocimientos compartidos por las personas que pertenecen a nuestro entorno y a nuestra comunidad.
Esos saberes pueden provenir de diferentes medios, pero siempre debemos preguntarnos qué aportan y qué beneficio tiene transmitirlos a otras personas. Un terremoto como el que ocurrió en Colombia no solo puede destruir infraestructuras físicas, sino también afectar a familias y comunidades enteras, que buscan reconstruir sus vidas con las muchas o pocas herramientas que tienen a su alcance.
Este suceso nos recuerda que la incertidumbre es un aspecto que siempre está presente en nuestra cotidianidad. Por eso, a partir de lo que vivimos y aprendemos, debemos construir formas de estar lo mejor preparados posible para cualquier situación que se nos presente, sin olvidar la importancia de acompañarnos y apoyarnos entre todos.
Educar y criar implica mucho más que transmitir información o enseñar contenidos. También significa compartir conocimientos, valores y herramientas para afrontar las dificultades, comprender lo que sucede a nuestro alrededor y encontrar maneras respetuosas de relacionarnos con los demás. Cada experiencia cotidiana puede convertirse en una oportunidad para aprender y para fortalecer la confianza con la que enfrentamos los retos.
En esta tarea, la familia, la escuela y la comunidad comparten una responsabilidad importante. Cada uno de estos espacios aporta saberes y formas de acompañar que pueden ayudar a niñas, niños y jóvenes a sentirse escuchados, reconocidos y capaces de participar en las decisiones que afectan su vida. Cuando estos espacios se apoyan entre sí, es posible construir aprendizajes más cercanos a las necesidades reales de las personas.
Sobre Gladys Salas
Directora general de la Revista Repensando la Educación
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