Cuando pensamos en la forma en que estamos haciendo las cosas, principalmente en educación y en la crianza de nuestros hijos en general, y si nos damos cuenta y tomamos conciencia de nuestras formas de vida, podremos advertir que gran parte de la experiencia está definida por el entorno y las circunstancias, a veces con una gran cantidad de dificultades. Ahora bien, si tenemos la fortuna de tener una vida más bien tranquila, sin grandes obstáculos, ya sean familiares, sociales, económicos y/o emocionales, la carga se hace mucho más liviana.
Pero esta vez, ahondaremos en lo que significa criar y educar en la adversidad. Cuando tenemos mil dificultades que enfrentar en el día a día vemos todo cuesta arriba, se nos complica levantarnos con energía cada mañana. Sin embargo, estas adversidades nos transformarán en personas cada vez más resilientes, con mayor motivación por querer salir adelante.
Sembrar en la adversidad, un concepto que nos invita a mantener la Fé y la esperanza en que todo estará bien, pese a las dificultades que se nos presenten en el transcurso de nuestras vidas.
La Adversidad cobra un valor profundo, que muchas veces no se ve, y se aplica tanto a la labor del docente como al rol de nuestros niños y niñas y de las instituciones educativas y de crianza. Y, dentro de esta adversidad debemos tener la fortaleza y el coraje de enseñar, guiar y aprender en contextos de extrema dificultad, manteniendo la convicción de que la educación es la única herramienta capaz de transformar realidades duras. Como docentes, educadores y padres de familia es primordial manifestar y demostrar siempre nuestra intención con optimismo y Fé, teniendo la certeza de que lo que estamos haciendo dará frutos, no sabemos cuándo, pero sí lo hará. Trabajar en contextos adversos es un acto de resiliencia, superando los obstáculos sin dejarse vencer por las dificultades del entorno.
Dentro de nuestras misiones como padres y educadores está el invertir en el potencial oculto que tienen nuestros hijos/estudiantes sin poner demasiada relevancia en su entorno vulnerable de pobreza, violencia familiar o falta de recursos y, en lugar de darlo por perdido, dedicar tiempo y amor a su aprendizaje. El profesor «siembra» conocimiento y valores, los cuáles son fundamentales en este tipo de contexto. Tengamos presente también, que las variables negativas anteriormente señaladas generan diversos trastornos socioemocionales en niños y niñas tales como baja autoestima, aislamiento de sus pares, retraimiento escolar, falta de motivación, etc., variables que influyen de forma muy negativa en los procesos de aprendizaje de niños y niñas en edad escolar.
Es fundamental y no menos importante, señalar que frecuentemente se tiende a estigmatizar a niños y niñas con condiciones adversas, con un fututo poco prometedor y sin éxito. No es así, no siempre la falta de recursos o la violencia intrafamiliar determinan el éxito que un joven pueda tener en su vida adulta. El conocimiento y la educación valórica son los principales pilares para romper círculos de pobreza o exclusión social. Cada mente que se activa en un entorno adverso es una oportunidad de cambiar la historia de una familia entera.
Para finalizar esta breve reflexión, no olvidemos en la forma en que nosotros mismos estamos criando/educando, nunca bajemos nuestras expectativas respecto de las capacidades de nuestros hijos/alumnos, realcemos sus capacidades, aunque sean mínimas, reforcemos positivamente, con una sonrisa, un pequeño obsequio, una palabra de felicitación. Ni siquiera imaginamos lo grandioso que sembramos en ellos. A veces nuestra sonrisa y nuestra palabra es lo único feliz que obtendrá durante el día.
Sobre Wilma Liliana Curriñir Fuenzalida
Educadora Diferencial Especialista Trastornos Específicos de Aprendizaje-Trastornos Específicos del Lenguaje Oral. Mg. Currículum y Evaluación Educativa. Universidad de La Serena. Chile
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