Nota complementaria del artículo «Sembrar en la adversidad: cuando educar también es cultivar futuro.» Por: Reiner Yesid López Charris
¿A dónde van las palabras que sembramos en los demás? ¿Puede nuestra siembra convertirse en el origen de algo grandioso?
Estas preguntas surgen en mi mente mientras permanezco frente a mi escritorio y pienso, casi en silencio, hacia dónde llega cada palabra que pronunciamos y qué huella deja en quienes nos rodean. Porque enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos; también implica dejar semillas en el corazón y en la vida de otros.
Entonces me pregunto: ¿qué tan influyentes somos en la vida de nuestros estudiantes? ¿Qué estamos sembrando en cada ser humano que escucha nuestras palabras, especialmente en aquellos que atraviesan momentos de adversidad y encuentran en nosotros una voz que todavía les habla de posibilidades?
A veces, una palabra puede parecer pequeña para quien la pronuncia, pero enorme para quien la recibe. Puede convertirse en impulso cuando faltan fuerzas, en confianza cuando aparece la duda o en esperanza cuando el camino parece incierto.
Como docentes, somos llamados a acompañar mucho más que procesos académicos. En determinados momentos, podemos ser faro para quien ha perdido el rumbo, refugio para quien necesita sentirse escuchado y una voz que le recuerde que las circunstancias difíciles no tienen por qué definir toda su historia.
Esa es una de las grandes responsabilidades que asumimos cada día al entrar a un aula: reconocer que nuestras palabras, nuestras acciones y hasta la manera en que miramos a nuestros estudiantes pueden dejar una huella. No sabemos cuál de nuestras frases permanecerá en la memoria de un niño o de un joven cuando tenga que enfrentarse a una dificultad años después.
Sembrar sobre la adversidad es, entonces, mucho más que enseñar a resistir. Es cultivar esperanza allí donde existen dificultades; es ayudar a descubrir posibilidades en medio de los obstáculos y acompañar al otro para que pueda reconocer que, aun en los terrenos más difíciles, también pueden germinar sueños.
Quizás nunca lleguemos a conocer el destino de todas las semillas que sembramos. Tal vez algunas florezcan mucho después de que hayamos pronunciado aquellas palabras. Pero esa incertidumbre no disminuye nuestra responsabilidad; por el contrario, nos invita a sembrar con mayor conciencia, con humanidad y con la certeza de que educar también significa creer en el otro cuando, por alguna razón, todavía no logra creer en sí mismo.
Porque al final, enseñar es también sembrar. Y quizá la verdadera grandeza de nuestra labor no esté únicamente en lo que nuestros estudiantes aprenden de nosotros, sino en aquello que, gracias a nosotros, llegan a creer de sí mismos.
— Inspirado en Paulo Freire, Pedagogía de la esperanza
Sobre Princy Paola Paternina Deluque
Licenciada en Pedagogía Infantil con amplia trayectoria en educación rural, inclusión y acompañamiento a estudiantes dentro del espectro autista. Especialista en el diseño e implementación de estrategias de aprendizaje orientadas al cambio conceptual, facilita procesos donde el estudiante transforma sus saberes previos en nuevos aprendizajes significativos. Su práctica docente se distingue por ser profundamente reflexiva, inclusiva y contextualizada, adaptada siempre a las necesidades y ritmos individuales de cada estudiante
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