Recuerdo un cumpleaños en el que mi cuerpo se opuso a mis rituales.
La experiencia me dice que, si el cuerpo interfiere en un plan importante de vida, no está estropeando, sino avisando sobre una purificación interior imprescindible.
Mi purificación era recuperar mi presencia en el uso del ritual.
¿Cómo decirlo? Fui una persona a quien le gustaban los rituales, pero también para quien estos fueron una manera sutil de controlar el futuro. En mis rituales había miedo. A mis listas de
deseos les faltaba fe. Tantas veces, en un cumpleaños por medio de un cristal, símbolo, o meditación busqué agarrarme de algo tangible, para sentir que controlaba el destino.
Un ritual no es una expectativa. Un ritual es poesía y debe servir para contemplarnos y sentirnos uno con la existencia. Si, en cambio, nos lleva al control, ya no está al servicio de la vida, sino
del miedo.
Me gustan los rituales y sigo usándolos. Encender una vela, mirar el amanecer para marcar un inicio. Gestos mínimos que pueden devolverme a la presencia. La cuestión es que, en algún
punto, la industria de lo espiritual y sus fórmulas para la manifestación, le quitaron lo sagrado a mis rituales y potenciaron mi ansiedad.
Mi cuerpo quería mostrarme esto.
¿Qué hice entonces sin mis antiguos rituales el día de mi cumpleaños? No definirlo todo. Dejé de creerme más grande que la vida y experimenté la realidad tal cual es. Soy también un
experimento. Sin control dentro de mí, le hice lugar a una manera más ligera de estar sin el impulso de acomodar el futuro.
Ese día, por orden de mi cuerpo estuve en mi casa. Descubrí que la presencia es un ritual. Tuve fe. Lloré de tristeza y de alegría al mismo tiempo, aunque una vieja voz me dijera que en los cumpleaños no se llora. Amé profundamente a mi pareja solo por estar ahí, sin intentar arreglar nada. Me uní al Todo en un abrazo con mis gatas.
La presencia me cuesta, porque hay realidades que es más fácil no sentir. Sin embargo, el ritual era ese: estar activa y consciente radicalmente en mí, para poder ver que detrás de las formas sigo estando yo. Acompañada. Sostenida. Amada por la Vida.
Sobre repensando