viernes, junio 5Revista digital ISSN 2744-8754

Sistemas de excelencia

“La educación moderna presta escasa atención a los valores internos, y, sin embargo, nuestra naturaleza humana fundamental es compasiva. Necesitamos integrar la compasión y la calidez del corazón en el sistema educativo contemporáneo.”

Dalái Lama

 

Una de las cosas más significativas en nuestro proceso de educación en casa es que los roles tienden a ser móviles en la medida en que los adultos aprendemos tanto o más de los niños de lo que ellos pueden aprender de nosotros. Algo que ha tomado mucho sentido en nuestra forma de hacer educación en casa, y que fue desarrollado por Andrés en su trabajo de grado para optar el título de magíster en educación es que la prioridad de nuestro proceso educativo está en la promoción y el aprendizaje de principios éticos. Hoy en día que atravesamos, sin duda, una crisis ética resultado de la perdida de principios y valores, nos parece vital reforzar sobre todo y en especial en los primeros años (7 a 14 años) habilidades como: el criterio, el análisis, la comprensión, la autonomía, la ética, el autoconocimiento y la autogestión; para lo que es indispensable escuchar y sentirse escuchado. Todo esto, en nuestra humilde opinión, es mucho más indispensable para la vida que los contenidos académicos que se asimilan por estrategias nemotécnicas y que en la actualidad se encuentran fácilmente en la red, los mismos que se hacen indispensables para el cumplimiento de unos requisitos de grado y se conocen como currículo. Preguntas fundamentales en esto serían ¿Qué forman esos contenidos? y ¿Es la única forma en la que se adquiere lo que sea que eso proporciona? Pero esa es otra discusión. Continuando con la inquietud inicial, es bueno decir que para esto no existe en la actualidad una formación específica. A los licenciados se les forma en estrategias didácticas de aula enfocadas a su área de conocimiento, pero no hay una formación en desarrollo personal que se implemente para quienes mañana serán los profesores de las escuelas. En nuestro caso particular antes incluso de ser padres nos formamos en áreas de las ciencias sociales y las humanidades y realizamos estudios de especialización en psicología transpersonal con énfasis en técnicas de desarrollo personal. Cuando fuimos padres por primera vez nosotros ya teníamos un conocimiento adquirido en estas habilidades, cuando decidimos ser una familia de educación en casa nuestra principal inquietud era el bienestar emocional y espiritual de nuestros hijos, no estábamos pensando en que fueran excelentes en sus desempeños académicos como prioridad, sino sobre todo en preservar su bienestar como personas íntegras, que en todo caso no es excluyente de lo otro.

Las experiencias escolares tanto con los maestros como con los estudiantes fueron críticas, la violencia y el maltrato tanto físico como emocional se ha normalizado en la sociedad al punto que las escuelas, los niños, los padres, profesores y personal administrativo de las instituciones ya no reparan en revisarse a sí mismos, se especializan en ejercer poder y forman a los estudiantes en el cumplimiento de las normas y como dice el viejo refrán “el que manda, manda, aunque mande mal”. La educación en casa nos permitió salir de ese círculo vicioso en el que el error conlleva al castigo y a la vergüenza por tanto a la represión y no al aprendizaje como debió haber sido siempre. Esta perspectiva dinámica del conocimiento y el poder nos permite ser autorreflexivos, corregir sobre la marcha como parte constitutiva del aprendizaje.

Esta perspectiva nos ha hecho comprender que no hay niños que no aprenden sino más bien instructores que no tienen las herramientas y el desarrollo emotivo-afectivo que requiere enseñar, hemos comprendido que las personas de pensamiento complejo (que deberíamos ser todas) necesitamos comprender, no solo repetir, pero si el maestro no está preparado para explicar sino para replicar será imposible para el estudiante comprender y por consecuencia aprender y mucho menos pensar en aprehender. En esta perspectiva la dificultad entre estudiantes, padres y profesores no está tanto en la habilidad real del estudiante sino en la capacidad de, ambos, profesores y padres para hacer que el estudiante comprenda la situación de contenido y contexto.

Cómo lo percibimos y lo vivimos en nuestro rol de padres y maestros: hacemos el ejercicio de ponernos en la situación de nuestros hijos ¿qué es lo que el niño está viendo? ¿Cuáles son los elementos de contexto sobre los que él o ella está ejemplificando el contenido? Eso nos facilita nuestro rol como maestros porque al comprender la necesidad de aprendizaje desde la perspectiva del aprendiz nos es mucho más sencillo trasmitir un saber. Nos entrenamos a nosotros mismos y a ellos en habilidades de autoconocimiento, escucha y empatía a través de la actividad física, el arte y la convivencia. Si cada padre se tomara el trabajo de hacer ese ejercicio con su hijo y vincular al profesor en el proceso, y el profesor estuviera abierto a la posibilidad de que la nota no representa en realidad un aprendizaje del estudiante sino un proceso conjunto, el aprendizaje sería mucho más tangible en lo práctico y lo cotidiano.

Los problemas allí vendrían a ser uno, que los estudiantes son cientos por profesor, dos, que las relaciones entre padres e hijos han sido sustituidas por la productividad y nadie (o casi nadie) se forma para ser padre y, por ende, tres, se espera que sea el profesor quien desarrolla la totalidad del trabajo, trabajo que probablemente no ha hecho ni consigo mismo porque no es parte de las competencias que debe cumplir para optar al título de licenciado. Así las cosas, volvemos al tradicional juego de tirar la pelota, los padres le tiran a los profesores y los profesores le tiran a los padres y mientras tanto el estudiante chapucea entre aprender a ser sí mismo y desarrollar la obediencia, cumplir y replicar, aunque no esté logrando comprender el por qué o el para qué de lo que se le están pidiendo que haga, excepto garantizar una supuesta estabilidad laboral y económica a largo plazo, cosa que nadie puede garantizar; continuando así la tradición decimonónica de una escuela que forma operarios y difícilmente personas íntegras con criterio y autoconocimiento que les permita la planeación y el cumplimiento de objetivos genuinamente personales.

En nuestra educación en casa nosotros realmente nos especializamos en aprender a aprender. Entendemos que hay conocimiento tanto de los niños hacia nosotros como de nosotros hacia ellos; tanto en el rol de padres como en el de facilitadores de contenidos específicos. Entre otras cosas porque deseamos que el infante a largo plazo sea excelente en aquello en lo que encuentra sentido y no en aquello que el sistema o nosotros le hemos dicho que debe ser.

 

Sobre Laura y Carlos

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Laura Marcela Cabeza Cifuentes
Promotora de lectura /Poeta y Escritora, Antropóloga
Magíster en Literatura, Estudios de Especialización en Psicología Transpersonal

Carlos Andrés Henao Bejarano
Asesor Educación en casa, Sociólogo, Magíster en Educación
Estudios Formador Respiración Holotrópica

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