Friday, February 20Revista digital ISSN 2744-8754

Author: Aikaterini Vergetaki Peirasmaki

Doctora y posdoctora en el ámbito de las ciencias de la educación y de la literatura, ejerce actualmente como profesora de lengua y literatura francesas en Francia. Su trayectoria académica se ha desarrollado en un marco internacional y plurilingüe, con una sólida formación investigadora y docente, así como con una participación activa en congresos internacionales tanto en Europa como en América Latina. Su trabajo de investigación se apoya en una metodología interdisciplinaria, que articula el análisis literario, los enfoques didácticos contemporáneos y las ciencias de la educación. En este marco, estudia las representaciones de la naturaleza bajo el prisma de la tercera ola de la ecocrítica, explorando los vínculos entre literatura, ecología y educación, así como su potencial formativo en contextos escolares y universitarios. Paralelamente, desarrolla una línea de investigación dedicada a la inteligencia artificial aplicada a la educación, centrada en el diseño de nuevas prácticas pedagógicas, el acompañamiento del profesorado y la reflexión crítica sobre los usos éticos y responsables de las tecnologías emergentes en la enseñanza de las lenguas y la literatura. Su recorrido profesional y creativo se ha ido construyendo en el cruce de lenguas, enseñanza y escritura. El multilingüismo y la literatura ocupan un lugar central en su vida, no solo como ámbitos de estudio, sino también como espacios de encuentro, transmisión y sensibilidad compartida. Reconocida por su carisma y su capacidad comunicativa, concibe la docencia y la investigación como prácticas profundamente humanas. Cree firmemente en la fuerza de la palabra escrita como vínculo y participa con entusiasmo en proyectos colectivos que celebran la creatividad, la reflexión crítica y la voz singular de cada autor.
El Bosque Plateado
Edición especial, Séniores

El Bosque Plateado

Autora: Aikaterini Vergetaki PeirasmakiIlustraciones: CanvaEl pueblo se llamaba El Bosque Plateado, y sin embargo su nombre sonaba como una promesa incumplida. Nadie recordaba con certeza por qué lo habían bautizado así; solo el bosque, que lo rodeaba por todos lados, parecía conservar su memoria. Sus árboles se alzaban como guardianes silenciosos del tiempo, con raíces hundidas profundamente en la tierra, del mismo modo que los recuerdos en el alma de las personas. Se decía que, antaño, cuando la nieve cubría sus ramas, el bosque resplandecía como un espejo del cielo, y aquel fulgor plateado no era solo luz, sino memoria: la memoria de quienes habían vivido, amado y compartido aquel mismo lugar. Entonces, la luz en el Bosque Plateado tenía peso y sentido. Nacía de la luna, de las lámparas...