Autor: Josemaría Ferrer Cardona
Ilustraciones: Canva
Para todos, la Navidad es una época de felicidad en la cual estamos con la familia, con amigos, y celebramos especialmente el nacimiento del Niño Jesús. Pero a los habitantes de una lejana cárcel, lejos de ese ambiente festivo, les da casi igual la llegada de la Navidad. Bueno, a excepción de uno al que le encanta la Navidad, que no celebra con su familia desde hace un montón de años, los años que lleva encerrado. Pero esta vez ha decidido que la Navidad sea diferente, y va a hacer todo lo posible para sentirse rodeado de sus familiares, como antes de que lo metieran en chirona.
Este personaje se llama Nick, pero su nombre no tiene importancia, y tampoco la tienen los delitos que lo llevaron a la cárcel. Lo que importa es saber cómo anhela vivir esta Navidad con la alegría con que la celebraba antes y cómo se las apañará para cumplir ese deseo.
Nuestro amigo ha estado pensando en un plan durante largo tiempo; pero teme que no podrá llevarlo a cabo solo…
De pronto suena un golpe en la pared al que sigue una voz: —Chisss, el de la celda de al lado, ¿quieres escapar, verdad? —Nick pega su oreja a la pared, para escuchar mejor, sorprendido de que alguien conozca su plan de fuga.
—¿Cómo sabes que intento pirármelas? —pregunta Nick.
—Es fácil, has estado acostado en silencio pensando durante muchos días, y eso en una cárcel puede significar sólo dos cosas: que estés elaborando un plan para escapar, o que estés depresivo. Si es lo primero, tranquilo, que no te delataré —promete su vecino de celda.
—Bueno, ya que lo sabes, es verdad que necesito a alguien que me ayude a escapar, pero empecemos por nuestros nombres: el mío es Nick.
—Yo soy Benjamin Hornigold, pero llámame Benjamin. Hablemos después en el comedor, que el guardia no vaya a sospechar nada.
Con la ayuda de Benjamin, el plan de Nick podrá avanzar con viento en popa, pero no se confía, no permitirá que lo descubran. ¡Si lo pillan, lo condenarían a más años de prisión!
Llega la hora de comer y los presos se dirigen al comedor.
—Tienes un plan, ¿verdad?— murmura Benjamin en voz baja.
—Sí. Aunque no está del todo concluido, te lo cuento. Aprovecharemos el tiempo de receso del almuerzo para colarnos al almacén. Durante ese rato los guardas están distraídos, por la cantidad de presos que han de vigilar. He visto que hay una rejilla en el almacén por donde podemos colarnos, y ahí es donde entras tú, pues hace falta un destornillador, y he visto que tú tienes buena mano para conseguir cualquier cosa. Además, como la rejilla está elevada, también necesito de ti para que me ayudes a trepar. Cuando yo esté arriba, te daré la mano para subir.
—Me parece bien. Aunque me resultará un poco difícil robar un destornillador, creo que sé cómo hacerme con uno.
—Perfecto. Si lo consigues, mañana escaparemos a la hora de comer.
Al día siguiente Benjamin habla con Nick sobre el plan de escape y, aunque no ha logrado obtener el destornillador, ha pescado un cuchillo con la punta rota que puede servir para abrir la rejilla del almacén.
Ya es la hora de comer y los presos tienen que ir al patio. Nick y Benjamin se escabullen por una puerta medio abierta que da al almacén.
—Nick, esto no funciona— refufuña Benjamin.
—Pues va a tener que funcionar si queremos escapar. Déjame probar a mí.
Después de que Nick forcejeara un rato, la rejilla se rompió cuando recibió un golpe seco de Benjamin, que era muy fuerte. Pero el ruido tremendo alertó a los guardias.
—Rápido, escondámonos en el armario —propone Nick a Bejamin.
—¿Quién hay ahí? —pregunta un guarda.
Tras un rato de búsqueda inútil, lo único que llama la atención del guardia es el trozo de rejilla desprendida, al que no da mayor importancia. Sale de la habitación con el propósito de llamar a alguien que repare ese desperfecto.
—Es ahora o nunca. ¡Hay que meterse ya! —anima Nick.
Benjamin ayuda a Nick a trepar hacia el hueco que ha dejado la rejilla al romperse, y Nick le extiende la mano para que suba.
Al cabo de un rato han podido encontrar una salida que da a la orilla del mar.
—¿Ahora qué hacemos? —titubea Benjamin.
—He encargado a un viejo amigo que prepare una lancha por aquí cerca, en un rincón que queda oculto a la mirada de los guardias que hacen la ronda. Pero hay que pasar un tramo de playa sin que nos vean —advierte Nick.
Los dos amigos se deslizan sigilosamente hacia la lancha entre unas viejas cajas de madera abandonadas en la playa, pero el ruido que provoca el tropiezo de una bota de Nick con el casco de una botella oculta entre las cajas alerta a un guardia.
—¡Ey!, ¿quién anda ahí?
Benjamin se levanta apresuradamente y empieza a correr para entretener al guardia y permitir a Nick que escape.
Nick aprovecha el gesto de su amigo y sube a la lancha sin que lo adviertan los guardias. Al arrancar el motor, evalúa los peligros de su plan de fuga. Será difícil que logre pasar la Nochebuena con su familia antes de que la policía se presente a buscarlo. Pero el riesgo vale la pena. Seguro que le da tiempo a acompañar a los suyos durante la cena. Después puede esconderse en un cuartucho que se habilitó detrás de una falsa pared durante la última guerra, y pasar ahí la noche. Al día siguiente escaparía, disfrazado de vieja, y la policía no sería capaz de descubrirlo. Ya en marcha, mientras cruza la ría, se acuerda con tristeza de Benjamin, que se ha sacrificado por él.
Después de unas horas Nick ya ha alcanzado la costa y solo necesita tomar un bus para llegar a su casa. El problema es que no tiene nada de dinero y no puede comprar un ticket para el bus. Mientras se ocupa en estos pensamientos un policía lo reconoce y le grita que suba las manos. Parece que lo han seguido y lo han descubierto, pero nuestro amigo no está por la labor de dejarse pillar. Obedece al policía, levanta las manos, mientras de reojo observa que, por debajo del puente donde el policía le ha dado el alto, atraviesa una vía de ferrocarril, y que en ese momento va a pasar un tren de mercancías. Sin pensárselo dos veces, da un salto y cae sobre la carga del último vagón.
—Por fin —dice Nick.
—Ya he llegado a mi pueblo, y mi casa está aquí al lado. Unos pasos más y habré cumplido medio sueño.
Finalmente Nick ha llegado a su hogar, y aunque Margaret, su mujer y su hija Deisy se quedan sorprendidas y asustadas por su inexplicable aparición, deciden aplazar las preguntas del caso y lo acogen con inmenso cariño. Nuestro amigo se siente muy feliz, emocionado por el recibimiento y por el talento de ese silencio inteligente y amoroso de las dos mujeres. Sabe que no puede quedarse con su familia ni siquiera unas horas, porque la pondría en peligro. Pero hará todo lo posible para desaparecer a tiempo, antes de que la policía dé con su paradero. Después se las compondrá como pueda para que sus perseguidores le pierdan el rastro. Su propósito firme es celebrar otras navidades en familia y con la alegría de sentirse rodeado de las dos personas a las que más ama en este mundo.
Sobre Josemaría Ferrer Cardona
13 años. Cee (La Coruña, España). Colegio Plurilingüe Manuela Rial Mouzo
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