Saturday, February 7Revista digital ISSN 2744-8754

EDUCAR ¿Por qué y Para qué?

Hoy a mis 60 años de edad, como mujer criada y formada en el sistema educativo tradicional de premio y castigo; como docente rigurosa del proceso enseñanza-aprendizaje estándar basado en la lecto-escritura,  la lógica matemática, la memorización, la repetición, la evaluación cualitativa/cuantitativa y las jornadas largas de seis u ocho horas diarias dentro de la institución educativa; como madre homeschool de dos jóvenes adultos, artistas independientes y autónomos a la fecha, y con un nieto de 18 meses en proceso de crecimiento, desarrollo y aprendizaje, me cala muy bien responder a esta pregunta fundamental que siempre me ha inquietado y que fue, en su momento, el motivo por el cual con mi esposo decidimos educar en casa a nuestros hijos con la premisa fundamental de que ellos eran y debían ser el origen y motor de su propio proceso de aprendizaje basado en sus gustos, intereses e iniciativas particulares. 

 

La invitación a escribir sobre este tema en particular me resultó extremadamente tentadora ya que mi ejercicio profesional, la educación personalizada de mis hijos y mi experiencia particular de vida me han proporcionado argumentos, desde lo personal, familiar, profesional y social para ofrecer mi perspectiva respecto a esta pregunta tan vital en este punto álgido de la historia de la humanidad. 

 

En la actualidad los bebés, en general, vienen a la vida en el contexto de una familia ya sea extensa (la familia de origen) o propia (la familia constituida a través del matrimonio o la unión libre) en la cual la pareja se independiza y constituye un hogar aparte del donde nacieron y fueron criados-educados para hacerse responsables de su propia vida. Los adultos jóvenes, en general, tanto hombres como mujeres independientemente del nivel profesional, estudian y/o trabajan jornadas de 8 horas diarias; y los adultos-mayores se dedican a actividades variadas teniendo más tiempo y disponibilidad respecto a los más jóvenes; pero vinculados más juiciosamente con el cuidado de su salud propia y de su compañero o, en su defecto, de sus padres mayores, hermanos o familiares discapacitados. Debido a la imperiosa necesidad de sobrevivir en esta sociedad de consumo en la que estamos inmersos es imprescindible que todos los miembros de la familia estén preparados como individuos capaces y productivos para aportar económicamente al bienestar material y la calidad de vida de todos sus miembros. Pero… los niños y los adolescentes ¿Quién los cuida, guía y educa?  ¿En qué consiste y cómo se logra una “buena” educación? Esas son las preguntas que nos hacemos como padres y maestros a lo largo del desempeño profesional y la crianza de nuestros propios hijos y es aquí donde radica el meollo del asunto. 

 

En mi concepción personal educar consiste en ir involucrando al niño en la cotidianidad de la vida de la familia. Todos los momentos, espacios, personas, circunstancias, relaciones, actividades nos van dando la oportunidad natural de irlos introduciendo paulatinamente en unas rutinas y adquiriendo unos hábitos alrededor de los cuales gira nuestra vida familiar diaria con lo cual vamos forjando unos comportamientos fincados en unos valores fundamentales que se convierten en el cimiento de la estructura de la personalidad del niño que con el tiempo y a la larga serán las conductas que  repetirá cuando sea mayor. 

El proceso de enseñanza y aprendizaje es paralelo al proceso de crecimiento y desarrollo y son los primeros diez años de vida del niño la base fundamental de esas adquisiciones: control motor (conocimiento y manejo del propio cuerpo) – control emocional (gestión de sí mismo y de sus relaciones con los demás) – control mental (aprendizaje, toma de decisiones y resolución de problemas) todo ello enmarcado en el entorno familiar, institucional y social en el cual el niño convive y donde todas las personas a su alrededor juegan un papel importante en la formación de una personalidad sana, fuerte, vital y positiva del individuo. Todos los adultos somos un ejemplo para los niños siendo los padres el primer referente que el niño emula por la convivencia diaria durante la infancia. La familia es el campo de entrenamiento de todas las habilidades psico-sociales y el hogar es el refugio seguro a donde todos podemos llegar porque es el lugar donde nos aman tal como somos y son las personas a quienes amamos por consanguinidad, sentido de pertenencia e identidad. Es en la familia donde conocemos el amor y donde tenemos el reconocimiento y la validación que como seres humanos todos necesitamos para ser saludables, felices y productivos. 

 

Hasta aquí y así en el papel todo parece ser correcto y posible; pero en la vida cotidiana la cosa se complica, porque como dijimos cada miembro de la familia tiene responsabilidades de horarios, cargas, resultados y compromisos de toda índole, lo que imposibilita a la gran mayoría de las personas tener suficientes espacios libres y espontáneos para compartir en familia, y eso nos lleva a la pregunta inicial:  

 

¿A qué tipo de hogares están llegando los niños en la actualidad?  

 

A parejas profesionales y familias trabajadoras en las que todos están ocupados en sus propios intereses y profesiones con el fin de garantizar una estabilidad económica que les permita tener una adecuada calidad de vida; pero, donde nadie tiene tiempo ni disposición ni paciencia ni compromiso para poder hacerse cargo de un niño… entonces: ¿Quién los cuida y educa? Hace ya tres décadas los jardines infantiles y los colegios particulares han tenido una expansión impresionante, porque se volvió necesario y obligatorio matricular a los niños desde muy pequeños en estas instituciones para que sean los profesores quienes los eduquen, ya que los padres no sienten la necesidad ni tienen el tiempo de hacerlo ni tampoco se sienten capacitados para poder “educar” a sus hijos ellos mismos delegando así esta misión fundamental a los centros educativos. 

 

Entonces la pregunta sería en este momento: ¿estamos educando en realidad? ¡No! 

 

¿Por qué educar?  

  1. Porque amamos a esas pequeñas criaturas y queremos que aprendan todo aquello que necesitan para sobrevivir en este mundo material. 
  2. Por latendencia que como seres humanos hemos desarrollado de transmitir lo que conocemos y sabemos a las nuevas generaciones con el fin de perpetuar aquello que es trascendente para todos: la convivencia armónica: el respeto por la vida, el amor, la amistad, la paz, la belleza, la verdad, la libertad.  
  3. Porque como seres inacabados e indefensos debemos crecer y madurar para convertirnos en adultos capaces de actuar correctamente de forma autónoma y asumir con responsabilidad las consecuencias de nuestros actos en esta experiencia terrenal.
  4. Porque necesitamos “cuidarnos mutuamente” y prepararnos lo mejor posible para afrontar los retos que la vida nos va trayendo a lo largo del camino.  
  5. Porque necesitamos personas conscientes, maduras y responsables capaces de desarrollar propuestas sabias frente al manejo de la naturaleza, la ciencia y la tecnología, que permitan y garanticen una convivencia humana sana y armónica en el futuro. 
  6. Porque todos somos UNO y en la medida que comprendamos que el beneficio para otros es el nuestro podremos avanzar como especie. 
  7. Porque genéticamente la supervivencia de la especie es el primer instinto de todos los seres vivos y se ha logrado a lo largo de la historia a través de la transmisión del conocimiento ya sea práctico mediante la imitación y repetición o por vía oral y/o escrita a través de los siglos.

 

¿Para qué educar?  

  1. Para disponer de los conocimientos y las habilidades que nos permitan percibir la experiencia de la vida como una aventura maravillosa digna de ser vivida y disfrutada al cien por ciento siempre. 
  2. Para que cada individuo interiorice los hábitos, rutinas, normas, leyes, costumbres y tradiciones que le son útiles para convivir armónicamente con sus congéneres. 
  3. Para que cada ser humano alcance su máximo potencial. 
  4. Para ser adultos responsables: ser conscientes haciendo cada uno individualmente lo máximo y lo mejor posible dentro de lo que le corresponde particularmente en sus roles y oficios.
  5. Para cuidarnos mutuamente y hacernos la vida cada vez más fácil, práctica, grata y satisfactoria los unos a los otros. 
  6. Para responder apropiadamente a los desafíos que la vida, la naturaleza y los cambios globales nosvan generandoa medida que pasa el tiempo.   
  7. Para construir una sociedad cada vez más consciente: pacífica, positiva, constructiva, dinámica, altruista y solidaria en la que todos podamos vivir en amor, respeto, equidad y armonía.
  8. Para que cada individuo, desde su talento, aporte su granito de arena al progreso y a la felicidad de la humanidad. 

 

Para educar a un niño es indispensable la presencia de un adulto responsable que se involucre en el proceso de enseñanza-aprendizaje haciendo el acompañamiento permanente y el seguimiento directo tanto en los aciertos como en las dificultades 24/7 y 365 días al año. Educar a un niño implica el compromiso de por lo menos un cuidador dispuesto y disponible (preferiblemente mamá o papá – o ambos – por la importancia vital de la vinculación afectiva) que garantice la satisfacción de las necesidades básicas del niño durante el primer año y vele por el crecimiento sano y el desarrollo óptimo en todas las áreas a lo largo de su infancia generando un ambiente familiar de bienestar en el que el niño se sienta amado y respetado: tranquilo, seguro, confiado y protegido siempre.  

Todos, como personas, generamos un impacto en la educación y crianza de los niños a nuestro alrededor: nuestras miradas, sonrisas, palabras, actitudes, acciones, reacciones, etc. son el modelo que estamos presentando directa o indirectamente. Todos, como adultos, tenemos una responsabilidad frente a la educación de los niños y jóvenes del mundo. Todos somos maestros porque nos estamos observando los unos a los otros siempre y cada uno replicamos y perpetuamos lo que es valioso para nosotros: lo que valoramos y lo que rechazamos sirve de ejemplo e inspiración para las nuevas generaciones.  

 

Como conclusión, en mi percepción particular, los padres no están pasando el tiempo suficiente con sus hijos para poder desarrollar un vínculo afectivo fuerte y profundo que les permita convertirse en su referente principal para poder transmitir el legado personal de trascendencia y poder hacer el acompañamiento y seguimiento que la educación integral de los niños requiere para convertirse en ciudadanos honorables.  Estamos dejando a la deriva la misión fundamental que como padres nos corresponde y la función valiosa que como adultos debemos cumplir en la sociedad. 

 

¿Qué clase de adulto estás siendo tú?… ¿Ese que merece ser valorado, emulado y respetado? 

 

Sobre Luz Angela Moreno Flórez

Docente en idiomas, gestora de comunidades de aprendizaje y asesora homeschool. Su pasión es la lectura y compartir su conocimiento y experiencia como madre homeschool con los demás.

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